sábado, 30 de junio de 2007

Las consecuencias de las cruzadas

La expulsión de los latinos de Tierra Santa no puso fin a los esfuerzos de los cruzados, pero la respuesta de los reyes europeos y de la nobleza a nuevas convocatorias de Cruzadas fue débil, y las posteriores expediciones se llevaron a cabo sin ningún éxito. Dos siglos de Cruzadas habían dejado poca huella en Siria y Palestina, salvo numerosas iglesias, fortificaciones y una serie de impresionantes castillos (ciento dos en total), como los de Margat (al-Marqab), en la costa de Siria, Montreal, en la Transjordania, el Krak de los Caballeros, cerca de Trípoli (edificado sobre una primitiva fortaleza llamada en árabe Hons al-Akrad), y tal vez el más imponente, con capacidad para una guarnición de dos mil hombres, y Belfort, a orillas del río Litani (sur del Líbano).

Se calcula que las cruzadas que tuvieron lugar entre 1095 y 1291 debieron costar en total unos dos millones de vidas humanas, o sea un 7% del total de la población europea que, en la Edad Media oscilaba en los 28 millones de personas.

Los efectos de las Cruzadas se dejaron sentir principalmente en Europa, no en el Cercano Oriente. Los cruzados habían apuntalado el comercio de las ciudades italianas, habían generado un interés por la exploración del Oriente y habían establecido mercados comerciales de duradera importancia.

Sin embargo, las cruzadas aumentaron esto considerablemente. Por ejemplo, en los siglos XII y XIII plantas y frutas hasta entonces desconocidos en el continente europeo como el arroz, el trigo sarraceno, las sandías, los melones, las berenjenas, las naranjas, los limones, los damascos y los albaricoques, así como la caña de azúcar, comenzaron a sembrarse.